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Cristóbal Olivares: radiografía de una realidad chilena

Nació en Santiago de Chile en 1998. “No de clase baja, pero tampoco alta”, como él señala, estudió Fotografía en la Escuela ARCOS. Pero no le gustó. Se decepcionó de la
Cristóbal Olivares
carrera cuando sintió que solo los tenían ahí para sacarles plata, así que decidió emprender rumbo propio. Canadá fue su primer destino.

El trabajo del fotógrafo Cristóbal Olivares es particular; lo construye a través de los detalles, del trabajo minucioso, incluso a raíz del silencio. Es así cómo llega a ser autor de la obra “A-MOR”, la que destaca por visibilizar más de 20 casos de femicidios ocurridos en nuestro país.

¿Qué te motivó a realizar un trabajo como este?
R: Yo viví un tiempo fuera de Chile, entonces cuando volví, empecé a buscar un tema porque iba a estar igual un tiempo acá, no sé. En ese tiempo (cuando volví) llegué a vivir con mis abuelos y ellos siempre veían las noticias a la hora de almuerzo y como en una semana, puta, aparecía como un femicidio diario. Y bueno, eso fue como un gatillante. No es como que recién me di cuenta “uy, esto existe”, sino más como “Bueno, algo hay que hacer”.

¿Y cómo se parte una investigación de esta magnitud? 
R: Bueno, el primer paso siempre es como cachar e ir de una a un lugar. En el fondo estás haciendo fotos y no puedo estar encerrado como ratón de biblioteca solo investigando. Hay que salir a terreno. Investigas ciertas cosas que son necesarias, cosas que te den el acceso para dar el primer paso. Creo que el primero (que investigué) fue el caso de Laura, en el Barrio Franklin. Ese era fácil de llegar porque en el fondo existía una animita, entonces era llegar y pararse afuera del altar y ya tenías una foto.

¿Cuál era el objetivo principal de la exposición A-mor?
R: De repente en este trabajo hay fotos de campos, paisajes, paraderos. Escenas del crimen, o el camino que recorría la víctima. Me pareció interesante también como la inexistencia de una huella y por eso hay fotos que no son necesariamente del lugar del crimen. En el fondo son cosas cotidianas también. Creo que una de las ideas principales era gatillar ciertas cosas en el espectador que son como.. “todos hemos estado en un campo. Todos hemos pasado por un paradero”. Quizás la idea era apurar ese pensamiento de decir “a mí también me puede pasar, podría ser yo la víctima”.

¿Chile es el segundo país con más femicidios en relación a la población de personas en Latinoamérica. A qué crees que se debe y sientes que tu trabajo aplica para demostrar esta realidad?
R: Siento que (este trabajo) no aplica necesariamente a una idiosincrasia. No sé, existen otros países donde hay altas tasas de femicidios y escapan un poco a esto de lo que yo me enfoqué, que es solo crímenes entre parejas. Yo me enfoqué en esto pero no quiere decir que no haya asesinatos por ajustes de cuentas u otras cosas. A modo general, además, creo que esto se debe a algo más grande: la educación. En el fondo debería enseñarse relaciones de género en el colegio como para poder disminuir el machismo en hombres y mujeres.

Olivares reflexiona en torno a una realidad que estamos viviendo como país, pero además hace focalización en los “culpables” de que esto todavía no cambie: “Son los viejos a los que tenemos que convencer del matrimonio igualitario, de erradicar el machismo..”. No tiene miedo en contar, también, que hace falta más políticas públicas que ayuden a prevenir este tipo de crímenes. “No todas las personas tiene acceso a un psiquiatra, o a un terapeuta. En los hombres es casi tabú ir al psicólogo, y después si quieres hacerlo y no tienes plata.. Cuanto te sale la consulta? Los remedios? …”

¿Ayudó tu trabajo a generar algo en la sociedad? ¿En los espectadores?
R: El trabajo tiene una expo, tiene página web, tiene un libro. En la exposición el recorrido te obliga un poco a meterte de lleno en los casos. Pero por ejemplo el libro es distinto, es muy personal. Te lo puedes llevar, ver las fotos, y encontrarlo bacán. Te puede gustar la textura, las páginas, los escritos… y eso lleva a desviar la atención del foco principal. Soy consciente de eso, y por eso he intentado hacer actividades en colegios, ocuparlo como excusa para que se ocupe como material. No sé, ahora los cabros chicos lo ven, lo leen, y después pueden hacer un poema con lo que les hizo sentir el libro, o inventar una canción. Entonces sí, está generando algo. De alguna manera, se está llevando una realidad a todos los sectores de la sociedad.

¿Te consideras feminista?
R: Para mi interior es súper fácil decir: sí, soy feminista. Pero decirlo públicamente no sé si tanto. Porque pasa mucho que el hombre entiende la posición en la que hay que estar, porque es un tema en boga, y entiende que el machismo está mal y listo. Entonces dicen “ya, listo, lo entendí, no hay nada más que hacer. Si no soy yo el que tiene miedo cuando camina a las 11 de la noche por acá en la calle oscura”. Es como decir soy católico pero no voy a misa, o creo en Dios a mi manera. Entonces cuando un hombre dice demasiado “soy feminista”, no se, me hace ruido. Cuando Boric o Jackson proclaman esas cosas, puta, lo dudo. Ellos son políticos, y entienden del lado que tienen que estar, es fácil. Podrían hacer muchas más cosas callados, o usar su poder, piola, para cambiar las cosas.

¿Cuánto afectóesta visión feminista a tu vida?
R: Caleta. Ahora mandan tetas en los grupos de whatsapp y no pesco. No quiere decir con esto que sea un weón amargo. De repente igual entro a Jaidefinichon y me cagó de la risa. Pero ahora no celebro esas cosas. Me parecen extrañas, ajenas. Incluso en redes sociales yo sigo cosas de foto o skate y por defecto, solo por ser hombre, las publicidades me meten fotos de minas en pelota o perfiles de “minas ricas”. Y solo por ser hombre. Pero no sé, eso creo que es un cambio interno y que igual es importante. Si de a poco todos lo vamos haciendo, algo podrá ayudar.

Entre sus próximos proyectos figura un nueva exposición, pero esta vez sobre mujeres que sobrevivieron a la violencia o a un femicidio frustrado. Olivares ya fotografió más de 10 casos para este nuevo trabajo y adelanta que le queda muy poco para terminar. Mujeres a las que intentaron quemarlas, mujeres a las que les sacaron los ojos, mujeres a las que les pegaron 14 puñaladas para quitarles la vida. Son casos difíciles, sin embargo esto le ha dado una nueva perspectiva de la vida.

“Es un trabajo emocional importante. Yo a todas las personas que fotografío les pido que además me relaten su historia y las grabo. Estas mujeres sobrevivieron a lo peor. Y sabes que? Son felices. Se ríen, tiran la talla. Yo quiero mostrar eso. Contra todo pronóstico están ahí, viviendo”.

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